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Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell


Artículos

“Tribus montañeras ”

(El último Botas Negras)
¡Jaou! Te hablo a ti hombre del llano. Mi palabra busca el corazón americanizado que mis ojos ven en tu alma. Mi piel, curtida por mil montañas cuenta por muchas lunas los reflejos plateados en mis sienes, al igual que la escarcha sobre el romero al despuntar la mañana. Mis ojos han visto nacer el esperado día en campos primaverales, y también en los oscuros balcones rocosos donde el águila anida. Como el oso, hiberné bajo el alto manto nivoso y aguardé en silencio al brillante astro que calienta el día. Tantas han sido las pieles rotas que otrora cubrieron mis pies, que mis fuerzas ya vienen a menos, mientras mis otoños aumentan.

Mi corazón está triste. Mi espíritu forjado en nobles luchas, se siente acosado por un “séptimo de caballería” que no respeta mi nombre. Por “dominguero” me tienen, sin que bien comprenda. ¿Acaso no somos “domingueros” la mayoría de los deportistas españoles?... Yo no tengo más remedio. ¡Ya sabes! Es esa historia del sustento, la casa, los hijos... ¡En fin! no me quejo, pues aún así, “Manitú” me ha permitido sentir la nobleza rocosa, y acariciar algodones sobre el azul de las alturas a lo largo y ancho de sus vastos dominios.

Creo, que el vocablo “dominguero” se utiliza impropiamente confundiendo a ecologistas, legisladores y políticos. Si es así, inventemos otros términos, pues “domingueros” somos la mayoría. Distingamos a quienes respetan la naturaleza de los que no lo hacen. Por ejemplo: que se llame “guarros“, a los que convierten en un basurero el lugar donde han comido, o “pirómanos criminales” a los salvajes incendiarios. También podemos acuñar definiciones nuevas como “dominguarros”. Os aseguro que quienes tenemos cuidado con nuestro entorno nunca nos sentiremos aludidos.

La Ley es ciega, y lo que parecía bueno no lo está siendo, por causa de una legislación medioambiental basada en prohibir, metiendo en el mismo saco de las restricciones a todos, sin tener en cuenta que los que practicamos deportes en contacto con la naturaleza, ya estábamos aquí cuidando de ella sin aspavientos; respetándola y amándola, mucho antes que estas leyes y sus dictadores vinieran. Unas leyes que se me antojan sentenciadas por la influencia de desmemoriados movimientos ecologistas, más o menos chillones, panfletarios y politizados que no tuvieron en cuenta, que en cuestiones de respeto a la montaña, mi “tribu montañera”, somos sus padres, metafórica y filosóficamente hablando, a la vez que personalmente actuando.

Y he aquí... que ahora el padre no puede deambular libremente por los territorios que desde hace más de siglo y medio son su propia casa, antes incluso de existir ICONA o sucedáneos ¡Qué curioso! Los que defienden el hábitat natural y no natural (que ya “manda huevos”) de todas las especies vivientes, cogen a los “Sioux de la Montaña”, se cargan su cultura con más de ciento cincuenta años de historia, e intentan meterlos en sus “reservas”; eso sí, dotadas con banquitos y mesitas, papeleras, otras justificaciones presupuestarias y parrillas para cocinar, entre olores de basuras que sólo de tarde en tarde se retiran… ¡Qué bien, ¿No?! ¡Adiós al espíritu aventurero!, ¡Hasta nunca, fuego de campamento!, Adiós al sueño bajo la luz de las estrellas...
Y... ¿Luego qué...? ¡”El sioux de las cumbres” ha muerto! ¡Vivan sus hijos “Los Verdes”!... Ojalá consigan un mundo mejor, aunque lo dudo. La vida está llena de ejemplos, y no se tiene por buenos hijos a quienes destierran de su propio hogar a sus padres, ignorando siquiera que han existido; que existen y desde luego seguirán existiendo.

En los últimos tiempos, mi pueblo espiritual ha escuchado al hombre verde decir verdad sobre “dominguero malo”, y en silencio ha seguido fumando la gran pipa, mientras levantaba sus tiendas una y otra vez para retroceder hasta otros territorios; y lo ha hecho con comprensión, porque nadie respeta más a los bisontes, que quienes alimentamos nuestro espíritu con su sola contemplación, pero el hombre verde quiere más. ¡Lo quiere todo!, hasta convertir nuestra esencia indomable, en la mansedumbre de un ganado de borregos.

Espero, que algún día mi pueblo diga ¡Basta! y responda apagando la gran pipa y gritando al viento desde todas las atalayas, al oeste del gran Mediterráneo.

Desde los “Arapahoes del senderismo” a los “Apaches de las Rocosas”, ¡Todos!, “Botas Negras”, “Pies Cortos” o “Garras Trepadoras”, ¡Uníos! “Tribus de las Montañas”. Es hora de que se escuchen a los “Recio Amanecer”, los “Nube Azul”, los “Nieve Pura” o los “Lluvia en el Rostro”, y que nuestras voces se escuchen desde los valles grises, hasta los bosques judiciales y ciénagas políticas, para que reine la justicia y la verdad, de este espíritu hoy oprimido, que sólo pretende dejar a sus hijos el legado más preciado que conoce; nacido desde la profundidad del respeto y la libertad de las montañas.

Seguramente será una batalla perdida, pues el General “Miler” al frente del “séptimo de caballería” con sus oficiales y falsos montañeros, viene armando mucha polvareda por los territorios de nuestros antepasados.

Seguramente cuando logren arrinconar nuestro espíritu aventurero en reservas y corralitos mugrientos bien organizados, estos americanizados, nos venderán la aventura, el amor a la montaña y el respeto a todo lo que es vida, desde detrás de mostradores con folletos a todo color; eso sí, impresos en papel reciclado.


Seguramente llegaremos a ver cómo se sanciona y se expulsa de los territorios, que siempre han sido suyos, a los cuatro chalados y sus viejas y libres mochilas, mientras por el horizonte, carretas de nuevos colonos, en caravanas de Trekking perfectamente organizadas, tendrán vía libre con el beneplácito del guarda recoge-permisos.

Seguramente todo esto ya está pasando, y moriremos pronto al más puro estilo de “Wounded Knee”; eso si, en silenciosa matanza que nadie sabrá como hubo comenzado, a orillas de una gran mesa de despacho y de manos de algún General “Forsyt” de pacotilla, que volvió a tomar mal el encargo del General “Miler” de turno.

Yo no sé qué vais a hacer vosotros, hermanos de horizontes infinitos, pero yo no puedo evitar ser un “Sioux” en el tema montañero, aunque el hombre verde me siga tomando por “dominguero”. Y lo tengo muy claro. Ya he desenterrado mi pluma de la guerra. ¡O se respeta a mi pueblo...! ¡O muero luchando!

Juan M. Maestre
El último Botas Negras


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