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Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell


Memorias de expediciones

 

Ruwenzori-90


 

Diario de la Expedición de Juan M. Maestre

Se trata del diario resumido del viaje, extractado del diario general más extenso y completo


Nunca me había planteado una expedición para hacer un reportaje. Nunca tuve intención de volver al Congo, luego llamado Zaire, después otra vez Congo y ahora veremos a ver qué, creo que sólo estas dudas con el nombre, dan una buena pista del caótico país. Me enganchó el amigo, tocándome la fibra cultural, que por aquél entonces tenía latente, proponiéndome hacer un reportaje sobre las Montañas de la Luna y cambié el objeto natural de mis viajes “la cumbre” por el objetivo de una cámara, sabiendo que sería difícil no intentar volver a “mi natural”

 

4 de Agosto
Los últimos días han sido intensos. Ayer mismo se rompió el magnetoscopio con el cual pretendemos realizar el reportaje y menos mal que “Macgiber Miguel” está con nosotros. El trayecto aéreo nos ha traído hasta Bruselas donde frenéticamente hemos completado nuestra alimentación, y luego el primer “follón”: Aír Zaire nos ha dejado en tierra. Le hemos montado tal espectáculo a la compañía en el aeropuerto, que nos han dado habitación y pensión completa en el lujoso Seraton. No sabemos cuando podremos volar.

5 de Agosto
Gestiones y más gestiones en la capital belga, pero no logramos embarcar en ningún vuelo hacia el Zaire y luego todavía tendríamos que solucionar los enlaces a Goma. Nos han prometido un viaje desde Luxemburgo, hasta donde nos llevarán mañana en autocar, pero por la tarde descubrimos, que tal vuelo tampoco saldrá.

6 de Agosto
Otro día perdido, pero el lío se solucionó gracias a la intervención personal de Michel Rousseau, Jefe de división de Air Zaire en Europa, quien nos proporcionó billetes de otra compañía para el siguiente día; nada menos que de Suiss Air, donde tenía amigos.

 


Largas esperas en el aeropuerto. Con José Francisco Maestre y José Sanchis

 

7 de Agosto
Nos pasan sin problemas los 106 kilos de exceso de equipaje que llevamos. El día lo pasamos en el aire, volando primero desde Bruselas a Ginebra y luego en vuelo intercontinental a Kinshasa. La moral se recupera en el DC-10 y tras una breve escala en Duala (Camerún) aterrizamos en el Najili Airport de la capital Zaireña.
Antes de entrar en el aeropuerto nos aguarda “Josef”, el empleado de Air Zaire nos está esperando en la pista y en cinco minutos estamos fuera con todo nuestro equipaje, después del barullo que se formó entre los mozos del aeropuerto para acarrear nuestro equipaje. En la calle nuevo jaleo. Algunos de mis compañeros que no conocen la mentalidad africana, “alucinan”, pero pronto habrían de acostumbrarse. Nos hospedamos en el Hotel Okapi, que algunos ya conocíamos de nuestro viaje en 1.980.

8 de Agosto
Por la mañana un paseo por la capital congoleña y en la tarde vuelo a Goma tras breve escala en Kisangani. En Goma nos espera “Alfons” de la Air Zaire, es evidente que no quiere que un equipo de “reporteros” le pueda dar mala imagen a la compañía aérea y hace lo que puede para atendernos. No hay hoteles disponibles y nos acoge en su casa Isaac, uno de los taxistas que tiene un chalecito cercado con amplio jardín, sencillo pero acogedor. A Isaac le encargamos la misión de buscarnos un transporte para el Ruwenzori.

 


Antes de partir nos fotografiamos con la familia de Isaac en el jardín de su casa

 

9 de Agosto
Día de averías. “Macgivber Miguel” actúa de nuevo y repara cinturón de baterías, cable de cámara y el visor, pero empieza a ser preocupante el alto porcentaje de averías que están registrando los equipos de filmación. Isaac entra en el jardín de su casa con un camión al que ha lastrado con barro la caja y le hace un piso superior con tablones atravesados donde fija con cuerdas el sofá y los sillones de su casa y recoge al fondo a modo de tienda de campaña una gran lona para protegernos de la lluvia cuando haga falta. “Es la leche”
A las 3,30 de la tarde abandonamos Goma, tumultuosa y polvorienta, bajo la calima de la tarde. El Niragongo, mudo y casi oculto alza su amenazante cono volcánico por encima de la foresta. A medida que avanza la tarde resulta más inquietante sortear y esquivar las ramas de la arboleda que golpean con sonoros “baretazos” los asientos en lo alto del camión. Es noche total cuando llegamos a Rutsora. No hay luz en el hotel y nos vamos a cenar a las afueras, donde vemos iluminación de motor.
El día acaba con un concurso de refranes. El mío: “Viaje con Aír Zaire. Su aventura comenzará antes”. José Sanchiz hizo dos muy buenos. Uno: “Quien con “emilios” se acuesta, en el Seratón se levanta” (para que nadie pudiera ofenderse, habíamos acordado cambiar la palabra “negro” por la palabra “Emilio”) y el otro, que fue oportuno, pues acababan de llegar un grupo de Belgas, entre los que viajaba solamente una chica: “Son todo “bergas” menos una”. ¡Que tonto es el día, cuando uno es feliz!

10 de Agosto
El viaje hasta Ruindi son sólo 57 kilómetros de infernal camino en el que invertimos 4 horas. El Hotel de la Ruindi, dentro del parque, es agradable y confortable; hecho para turistas. Tiene hasta una piscina que fue lo que más usamos. Una caja de cerveza y otra de fruta y nos vamos a recorrer el parque y realizar las oportunas grabaciones de animales salvajes. Regresamos pronto para comer y a las 4 de la tarde volvimos a salir. El camión por estas pistas es una verdadera paliza. Grabamos a toda clase de animales, menos elefantes y leones, que son los más buscados por los turistas y presenciamos un incendio que avanzaba por las colinas del parque
Lo mejor la ducha en la noche. Sin luz, pero mucho ruido sospechoso de animales sueltos entre las aisladas cabañas. Mejor no ir a ver que son y dormir si se puede.

 


Filmando en La Ruindi, bajo la protección del Ranger. El río está infectado de hipopótamos.

 

11 de Agosto
A las seis de la mañana ya estoy con el cámara grabando el izado de la bandera del Zaire frente a la formación de todos los rangers del parque. Viajamos hasta Visumwi, una aldea pesquera junto al lago Idi Amin Dada. Una buena visión del África agrícola. Sólo hemos podido grabar el culo de un elefante huyendo de nuestro camión.
Por la tarde emprendimos el viaje por esta carretera bien llamada “ruta de la belleza” hasta Cañavalonga, y quiso la fortuna que nada más salir del hotel, viésemos cazar a una leona. Sólo puedo decir “impresionante” el juego entre cazador y cazado. De noche llegamos a la peculiar Cañavalonga, donde comenzamos a hacer funcionar nuestro motor de gasolina para reponer baterías de cámara, lo que nos supuso a Miguel y a mí pasar la noche “en blanco”

 


Filmando aves en Visumvi desde el mismo camión.
Nuestro hogar durante muchos e interminables kilómetros


12 de Agosto

Atravesamos Cañavalonga, cuyo enclave y disposición urbana de sus chavolas y chozas son de un equilibrio natural, llamativo y sorprendente. El conjunto del poblado, recostado sin una estructura geométrica sobre un terreno de colinas, desordenado y a la vez armonizado con su propio entorno, resulta encantador. El trayecto desde allí hasta Beni es igualmente de total belleza, pero los aproximadamente 200 kilómetros, nos costarían 13 interminables y duras horas de camión. Para describirlo, baste decir que hemos bautizado a nuestro vehiculo con el apelativo de “katumbos Kulai”, plátanos, maíz hervida y un café, ha sido todo lo que hemos logrado ir comprando por el camino.
Llegamos totalmente de noche a Beni y nos asustamos cuando notamos que la calle principal de la ciudad tenia asfalto. El Hotel esta bien, pero no hay camas para todos y con la suerte que tengo, me tocó “suelo”.

 


La peculiar “Cañavalonga” y una robusta bicicleta. “Funciona”

 

13 de Agosto
La noticia de un camión volcado en la pista de Mont Hoyo a unos 80 kilómetros de la ciudad, nos aconseja no precipitar nuestra salida. 180 kilómetros entre ir y volver, sería un día entero y añadido sobre el “Katumbos Kulai” a lo que no estábamos dispuestos. Dedicamos el día a compras y descanso, que falta nos hacía, sobre todo en las partes opuestas de nuestra anatomía. Poco se puede comprar en la ciudad, salvo pepitas de oro, por ser zona aurífera, pero si te pillan, la pena del gobierno es la “muerte”. Tampoco se comercializa ya el marfil y los talleres que antaño vivian de ello, han sido reconvertidos a trabajos en hueso y madera.
En el restaurante del hotel, durante la comida nos ponen a Julio Iglesias, en castellano. Por la tarde fin a las compras de comida fresca y revisión de las cargas para los porteadores, en un intento de adelantar, dentro del retraso acumulado.


14 de Agosto

Llueve torrencialmente, pero afortunadamente para pronto y por lo menos no nos mojaremos en el trayecto, pero tendríamos que sufrir los embarrados caminos. Poblados y selvas, nos llevan hasta el “Simuliki” El Nilo Blanco, que está custodiado por el ejército impidiéndonos el paso por el puente, bajo sospecha de intento de voladura por un grupo de mercenarios. Isaac les demuestra que no somos nosotros enseñándole un papel. Como no sabía que era, me acerqué a verlo y comprobé horrorizado que había falsificado un documento oficial del gobierno por el que se nos permitía, recorrer el Zaire y realizar todo tipo de grabaciones. Así que filmamos aquel objetivo, no sin poco nerviosismo, no fuera que al Teniente al mando, se le ocurriera llamar por teléfono para comprobarlo y cruzamos el puente a toda prisa, con la promesa de regalarles a la vuelta las cuerdas de escalada, cosa que desde luego, no teníamos intención de hacer.
Por fin llegamos a la estación del parque Nacional de los Virunga en Mutsora donde gestionamos los permisos de entrada y de grabación, para bajar luego al hotel de Patric, a quien le encargaríamos la contratación de los porteadores. El tiempo que ha estado cerrado, no nos permite ver las montañas de la Luna, más que parcialmente.

 


El Semliki “El Nilo Blanco” y grabando ante la menor oportunidad, en marcha si hace falta

 

15 de Agosto
Sanchiz nos despierta a las seis de la mañana. El pico Alejandra se divisa con total claridad, pues todo el macizo se encuentra despejado. A medida que va subiendo el sol, las montañas van envolviéndose en su habitual manto de nubes. Hemos contratado 20 porteadores para ayudarnos a transportar nuestros equipos, más el guía.
Superamos las primeras zonas en cuesta de cultivos de plátano y de café y justo en el límite de la selva, nos reagrupamos para penetrar en ella. Vana pretensión, pues el equipo de rodaje, por sus constantes paradas queda retrasado. Hicimos unas 10 paradas para grabar en la selva a un promedio de 6/7 planos. La selva es al principio encantadora y poco a poco va haciéndose espesa y abrumadora.
El equipo de grabación lo componemos 5 personas y cada parada es un ritual: Plantar trípode, sacar de su protección contra la humedad, cámara, magnetoscopio y baterías, montar todo, hacer balances de luz y acción. Silencio. Se graba. Llegamos totalmente de noche al refugio “Kalonge”, situado a 2.138 metros de altitud. Sanchiz y José Fco. Han preparado una cena “de lujo” para el lugar.

 


Antonio, filmando antes de penetrar en la selva, justo en la entrada al parque.

 

16 de Agosto
Jaleo total en la reorganización de las cargas para los porteadores bajo la lluvia. Estoy hecho polvo del estómago, pero el Doctor Paco, (industrial del cartón) me ha hecho un tratamiento a base de “Tanagel” para contener “los otros ríos” además del cristalino cuyo murmullo escuchamos al fondo de los barrancos de espesa arboleda.
El trayecto de hoy entre refugio y refugio, es “la leche”. Hay que imaginarse una selva muy empinada, envuelta en niebla, agua, barro y gritos de monos que deben estar, pero que rara vez alcanzas a ver. Llegamos al refugio “Mahangu” cerca de las tres de la tarde. La tónica de grabación ha sido la misma. La tarde nos depara un nuevo problema con el motor de gasolina que comienza a no funcionar bien. “Macgiber Miguel” y Sánchez, lo desmontan pieza a pieza y lo vuelven a montar. ¡Funciona! Y relajamos la tensión pues creí que se había acabado el reportaje. La cena ha vuelto a ser “de pecado”. Por culpa del retraso para cargar baterías, otra noche junto al motor, cuyo ruido afortunadamente ahogó el de la selva en la oscura noche. Hay estrellas en el cielo, pero sólo cuando las nubes dejan un hueco, puedo extasiarme con sus limpios brillos.
La anécdota del día ha sido el ofrecimiento a los Dioses del Ruwezori. Mis acompañantes han depositado comida y yo, por Europeo (y agilipollas, añadí yo) puse dinero, pero como se ve que puse mucho, me devolvieron la mitad ¡Qué cosas! Luego todos juntos bailamos dando vueltas a un tambor improvisado con troncos y ramas.

17 de Agosto
El día de hoy, tiene de entrada una pendiente “de aupa”. Suerte que se ha ido suavizando, aún así, el trayecto es largo. Justo cuando se está produciendo el cambio en la vegetación, y comenzamos a ver impresionantes “Lobelias” y “Senecios”, comienza también a llover envueltos por una densa niebla que no nos abandona hasta alcanzar el “Kiondo” a 4.200 metros de altitud. El motor ha vuelto a decir que no. Vuelta a desmontar y volver a montar, pero tampoco. El sol sale y despeja una buena parte del macizo. Añadimos alcohol de quemar a la gasolina y logramos una buena combustión para cargar baterías. La cena otra vez “un lujo” Está claro que el equipo funciona y cada cual tiene asignado un papel que cumple a la perfección.

 


Un momento de filmación entre la niebla. Después despeja y el atardecer es un regalo.


18 de Agosto
Es Sábado. Hace dos semanas que salimos de España y todavía no hemos llegado a nuestro objetivo. De nuevo en marcha. El primer tramo del itinerario rodea el “Musuamweso”. El famoso tramo de las cuerdas llega pronto y allí empleamos más de una hora en asegurar el paso de todos los porteadores. Algunos están “muertos de miedo”. El peligro de caer sobre la selva, desde una mojada roca, es demasiado evidente, pero conjuramos el riesgo con la ayuda de la cuerda. Nos quedamos sin cintas de grabación y hemos de esperar a que nos las traigan mucho tiempo. Damos vistas al Ruwenzori y quedo impresionado del lugar tan indescriptible, que no se parece a nada con lo que se le pueda comparar. Las tupidas masas arbóreas, son de gigantescas lobelias. Una planta que en Europa se cultiva en pequeñas macetas y que aquí pasamos debajo de ellas. Milenarios bosques de senecios, dan una apariencia prehistórica al paisaje y la niebla y el silencio de la altitud aumentan esa sensación.

 


Selva milenaria, prehistórica y arriba “El lago verde”

El lago verde, el lo más irreal que he podido ver nunca. Si en aquel entonces hubiera existido la película de “las crónicas de Narnia” yo hubiera dicho que aquello se había filmado allí. Un lago verde, sobre una cubeta rocosa de granito verde y un cinturón vegetal infranqueable donde todos los tonos del verde están.
Llegamos al último refugio “La Moraine” a 4.490 metros, debajo mismo de las cimas del Ruwenzori y sus glaciares colgantes. A las siete de la tarde ya estamos metidos en los sacos. Hace frío y algunos sufren jaquecas por la altitud.

 


El Ruwenzori, Las Montañas de la Luna


19 de Agosto
Nos ha costado bastante levantarnos hoy. Sanchiz y yo salimos a inspeccionar la pared de roca. Es de un granito viejo y sucio. El glaciar ha desaparecido en la primera mitad y ahora es una muralla de roca de fácil escalada, pero no exenta de riesgo. Alcanzamos la lengua del glaciar que cuelga sobre la pared. Grampones y piolet. El hielo también esta viejo y duro. Al golpear el hielo, es como si todo el Glaciar Stanley estuviese suspendido en el aíre. El tramo es totalmente vertical y supero el largo por la rimaya entre el hielo y la roca, clavando como seguro uno de mis piolets. Superado el paso clave y como ya es tarde, dejamos instaladas unas cuerdas y rapelamos para regresar al refugio desde donde habían seguido e incluso filmado nuestra progresión con un potente teleobjetivo.
La situación de nuestro motor no había cambiado y estuvieron todo el día enfrascados en reparaciones. Tampoco la cámara de bolsillo funcionaba y “macgiber Miguel” la dejó hecha un mantel sobre el suelo. Extrañamente no le sobró ninguna pieza y funcionó.

20 de Agosto
Todo el día dedicado a reparar los equipos de filmación, sin ellos nuestro objetivo habría fracasado. Algunos de los compañeros no se recuperan del mal de montaña. Por la tarde trazamos un plan. Esta vez me acompañaría hacia arriba Miguel Español, que era el más voluntarioso y decidido.

 


El retraído glaciar del Ruwenzori y el plató Stanley.

 

21 de Agosto
Aún es de noche cuando bajo la luz de las frontales nos dirigimos a la pared rocosa. Ha nevado y aunque muy ligeramente, la roca mojada hace incómoda y hasta peligrosa la ascensión, con nuestras botas de plástico. Volvemos a escalar la lengua del Glaciar y nos colocamos de lleno sobre su blanco manto. Hay grietas, muchas grietas, pero me parece seguro. Superamos toda la pendiente hasta el collado “El plató Stanley” que no es el “idílico” collado que yo había visto en todas las fotografías. Muchas. Muchísimas grietas, surcaban, cruzándose entre ellas por toda extensión del glaciar.
Dimos muchos rodeos e incluso intentamos acceder a la cumbre desde la otra arista, pero no encontramos la manera de sortear los abismos que nos cerraban el paso. Sólo quedaba intentar un gran rodeo, pero no había tiempo y no llevábamos los sacos de dormir para soportar una noche a 5000 metros, así que con gran dolor montañero, sacamos la camara en aquel legendario plató y realizamos la que sería la última escena del proyectado reportaje. Mis palabras en directo fueron:

“Lo que siempre ha sido idílico collado, es ahora un erial de grietas por todas partes.
El peligro es grande y una montaña no vale la vida de un hombre”.

Cansados, Vencidos y derrotados en nuestra moral, llegamos al refugio totalmente en la noche. Habíamos dado todo lo que podíamos dar y creíamos sinceramente el epitafio pronunciado.


22 de Agosto

Se impone el regreso. Vuelven los porteadores en el día señalado. Limpiamos y cerramos el refugio. Bajamos al “Kiondo” y decido esperar a que despeje para filmar unas bellas vistas. A los porteadores no les ha gustado la idea. Antonio, el cámara junto a “Kajeredi” y “Malihuana” suben al Musumaweso junto a “Rensaú” el guarda, para filmar despejado la cumbre las Montañas de la Luna. Cuando el cámara regresa en la alegría de su cara confirmo la estupenda filmación realizada. Continuamos el descenso, siempre filmando entre el barro y el agua hasta el siguiente refugio de “Mahangu”, donde invitamos a cenar a todos los porteadores montándose luego una fiesta, que dejó muy patente la gran armonía musical y excelente ritmo que tienen los lugareños. Una noche memorable.

 


Decimos adiós a los inolvidables parajes

Con todos los porteadores y el ranger en el refugio “Mahangu”.
Delante: José Francisco Maestre, Antonio Muñoz, José Sanchis,
Miguel Español, Paco Juan y Juan M. Maestre

 

23 de Agosto
La bajada es mejor no recordarla. Las raíces aéreas que a la subida nos servían de asidero en la -empinada pendiente, aún a costa de dejarnos despellejadas y enmohecidas las manos, ahora nos hacen caer con demasiada frecuencia, en tremendos resbalones, que la parte más acolchada de nuestra anatomía se ve obligada a absorber. Al salir de la selva, ya en zona agrícola, el equipo de filmación que llegamos, como siempre muy retrasados, nos lleva Louis, el más jovencito de nuestros ayudantes, a casa de sus padres, junto a “Renazo”, “Malihuana” y “Kajeredi” y nos hacen una comida que no olvidaré nunca, a base exclusivamente de plátano, incluida la bebida.
La ducha en el Hotel de Patric y la cena son de “Diez”. Hoy han venido a cenar otro grupo de españoles. La verdad es que las mujeres de Patric cocinan bien.

24 de Agosto
Día de merecido descanso. Paseo por la aldea de Mutwanga donde me compro unos pantalones de pata de gallo que ya los quisiera para sí Fred Aster, Telas, libros y música. Patic nos lleva a su finca donde tiene hasta vacas suizas. ¡Que jodio el belga! Tres mujeres escalonadas de tal manera en edad, que la última tiene la edad de su joven hija.

25 de Agosto
Hasta mañana no podremos volar desde Beni a Goma en una avioneta que Patric nos ha recomendado y el día de hoy, nos lleva en dos coches todo terreno al sitio de “Isango”, para matar el tiempo. La excursión por la sabana, resulta interesante. Nada de leones ni elefantes, otros animales muchos. El sitio de “Isango” es bonito, se encuentra justo en la desembocadura del Lago Eduardo Alberto, en lo que podría considerarse el arranque del Gran Nilo, al pie de las Montañas de la Luna. Nos bañamos cerca de los hipopótamos. Por la noche, trueno relámpagos y agua “a manta”. Un rayo cae en la misma casa donde estamos cenando. No pasa nada.

26 de Agosto
Experiencia inolvidable. Viaje en avioneta bimotor de 20 plazas, junto a doce pasajeros y todo nuestro equipaje. Yo voy sentado encima de una caja de cerveza filmado mientras Antonio, el cámara, supera como puede las nauseas. El vuelo, es fantástico por encima de las zonas volcánicas. En Goma tenemos problemas para encontrar hotel, otra vez. Nos quieren cobrar un 50% más por ser del mismo sexo. Por la noche juerga a base de “Mirinda”, Hacemos amigos en el “Club el Diablo”.

27 de Agosto
Seguimos en este rincón de África, esperando un vuelo que no llega. La novedad del día, ha sido irme andando hasta Ruanda y pedir permiso para cruzar la frontera sin visado. Mi intención es sólo cruzar para ir a una centralita telefónica para llamar a España y me han dejado pasar. La frontera está al final de una calle en Goma, junto al gran Lago.
Por la noche otra vez al “Diablo” donde ya nos conoce medio pueblo.

28 de Agosto
Hoy nos vuelven a decir en el aeropuerto que se ha suspendido el vuelo, que mañana será otro día, pero ya no se lo creé nadie. Habemos unos 40 españoles esperando vuelo y de cuando en cuando coincidimos para reírnos un rato de nuestra situación.
Por la tarde, sin pretenderlo hemos grabado a escondidas (pues estaban lejos) cerca del Lago, en una mansión abandonada una especie de arenga de un paisano encima de un gran camión. Había muchísimos chavales jóvenes. Nos hemos ido de allí agachados, en cuanto hemos comprendido que eran militares y sin saberlo, hemos grabado la preparación de la invasión de Ruanda, que tendría lugar unos días después.
Doy gracias a Dios por que no nos vieran. Hoy no estaría escribiendo esto seguro.

29 de Agosto
Por la mañana ya estamos con todos los bultos en el aeropuerto, pero el avión no saldría hasta las 5 de la tarde.
En el aeropuerto de Kinshasa, no logramos contactar con “Makanghila” el Jefe de aeropuerto, al que, al llegar trajimos una botella de buen coñac, pero su secretario nos atiende de maravilla. Paco y José regresan a España, mientras los otros cuatro nos marchamos en taxi a la capital. Muy cansado a un hotel y a dormir. Los días de Goma han sido agotadores por la incertidumbre.

30 de Agosto
Recorridos por la grande y desastrosa urbe. Algunas grabaciones y contactos. No logramos poder utilizar la VISA y estamos más limpios que la “mojama” En el mercado de los ladrones, muy popular en Kinshasa, regateamos el marfil y me quedo con las ganas de llevarme una cría de chimpancé. No se debe contribuir al exterminio de las especies, pero aquella cría, estoy seguro que habría tenido una mejor vida conmigo. Siento impotencia.

31 de Agosto
Dedicamos el día a realizar algunas grabaciones y entrevistas. Primero al Museo de Arte Africano donde filmamos a escondidas, pues no nos dejan grabar. Aprovechamos para comprar unos cuadros en el museo de arte moderno y allí no tuvimos problemas. En el Museo de Historia, tampoco nos dejan. Deben pensar que tienen un gran tesoro, pero la verdad es que el museo da pena. Todo lo de valor ya lo deben haber rapiñado los gobernantes. Visitamos también la habitación presidencial en el Hotel Intercontinental, de un lujo “de juzgado de guardia” la puerta de cristal del hotel separa dos mundos muy distintos en Kinshasa. Me proponen la realización de reportajes en el Congo para vender por el país a los turistas. La verdad es que no hay nada y podría ser un buen negocio, pero yo lo que quiero es volver a mi valle de Elda entre montañas. Le contesto al portugués Almeida, mientras cenamos en su casa, que ya lo estudiaré.

1 de Septiembre
No queremos tener sorpresas y nada más acabar la cena le pedimos a Almeida que nos consiga un taxi para irnos directamente al aeropuerto. Bueno, no queremos tener sorpresas y tampoco dinero para dormir una noche más en el hotel, así que esta la pasaríamos en el suelo del aeropuerto, El primer susto la avería del Taxi en plena madrugada en los arrabales de Kinshasa. Soborno a las patrullas militares y “Macgiber Miguel” arregló el taxi. La noche muy larga. Amenazas con cuchillos en el mismo aeropuerto por parte de milicias rebeldes. Hay gritos y palos por el aeropuerto. Nos hacemos los dormidos y pacientemente esperamos que pasen de largo. Amanece. Nuevo problema. Paco y José se llevaron nuestros certificados de vacunación y nos quieren dejar en cuarentena. El secretario de “Makanguila” nos pasa a la sala de embarque, por encima de las terrazas del aeropuerto, al que hemos accedido por las cocinas. Nos “cuela” también todo el exceso de equipajes. Cerca de las 9 despega el avión. Suspiramos. Bruselas. El Seraton, cena y ducha para quitarse toda la mugre. Creo que he bajado de peso al salir de la ducha.

2 de Septiembre
Todo el día gestionando y más, para poder llegar a España, cosa que no haríamos hasta las 11,30 de la noche. En los últimos minutos, hice que todos mis compañeros escribieran algo en mi diario de viaje y por fin, cuando Antonio me entrega el libro, y sin todavía leer lo que ha escrito, llegamos a Alicante. La aventura ha terminado. Mi vida re-comienza.

 


Película galardonada en el
Festival Internacional de Cine
de Montaña de Torelló

Noviembre de 1991
Casi no lo puedo creer, estoy subiendo al escenario del Festival Internacional de Cine y Video de Montaña, “Vila de Torelló” allí está también, nada menos que Kurd Diembergen el famoso alpinista, reportero y escritor, al que han otorgado el premio del festival.
“Más allá de las Nubes”, nuestro reportaje sobre las montañas de Luna, ha merecido el premio a la mejor película española. La sala de proyecciones está puesta en pie para homenajear a todos los galardonados con el aplauso final, y éstos levantan sus trofeos. Yo también, y al hacerlo, por un momento me he visto allá arriba, en lo alto de aquellas montañas que Stanley descubriera tan sólo hacía 85 años, a primeros de aquel mismo siglo. Debió ser un sueño, pues, de aquella “conquista” nadie habló en mi pueblo.

“Como en la montaña, también en la vida, la cumbre está siempre un poco más allá”


Juan M. Maestre

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