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4 de Agosto
Los últimos días han sido intensos. Ayer mismo se rompió
el magnetoscopio con el cual pretendemos realizar el reportaje y menos
mal que “Macgiber Miguel” está con nosotros. El trayecto
aéreo nos ha traído hasta Bruselas donde frenéticamente
hemos completado nuestra alimentación, y luego el primer “follón”:
Aír Zaire nos ha dejado en tierra. Le hemos montado tal espectáculo
a la compañía en el aeropuerto, que nos han dado habitación
y pensión completa en el lujoso Seraton. No sabemos cuando podremos
volar.
5 de Agosto
Gestiones y más gestiones en la capital belga, pero no logramos
embarcar en ningún vuelo hacia el Zaire y luego todavía
tendríamos que solucionar los enlaces a Goma. Nos han prometido
un viaje desde Luxemburgo, hasta donde nos llevarán mañana
en autocar, pero por la tarde descubrimos, que tal vuelo tampoco saldrá.
6 de Agosto
Otro día perdido, pero el lío se solucionó gracias
a la intervención personal de Michel Rousseau, Jefe de división
de Air Zaire en Europa, quien nos proporcionó billetes de otra
compañía para el siguiente día; nada menos que de
Suiss Air, donde tenía amigos.

Largas esperas en el aeropuerto. Con José
Francisco Maestre y José Sanchis
7 de Agosto
Nos pasan sin problemas los 106 kilos de exceso
de equipaje que llevamos. El día lo pasamos en el aire, volando
primero desde Bruselas a Ginebra y luego en vuelo intercontinental a Kinshasa.
La moral se recupera en el DC-10 y tras una breve escala en Duala (Camerún)
aterrizamos en el Najili Airport de la capital Zaireña.
Antes de entrar en el aeropuerto nos aguarda “Josef”, el empleado
de Air Zaire nos está esperando en la pista y en cinco minutos
estamos fuera con todo nuestro equipaje, después del barullo que
se formó entre los mozos del aeropuerto para acarrear nuestro equipaje.
En la calle nuevo jaleo. Algunos de mis compañeros que no conocen
la mentalidad africana, “alucinan”, pero pronto habrían
de acostumbrarse. Nos hospedamos en el Hotel Okapi, que algunos ya conocíamos
de nuestro viaje en 1.980.
8 de Agosto
Por la mañana un paseo por la capital congoleña y en la
tarde vuelo a Goma tras breve escala en Kisangani. En Goma nos espera
“Alfons” de la Air Zaire, es evidente que no quiere que un
equipo de “reporteros” le pueda dar mala imagen a la compañía
aérea y hace lo que puede para atendernos. No hay hoteles disponibles
y nos acoge en su casa Isaac, uno de los taxistas que tiene un chalecito
cercado con amplio jardín, sencillo pero acogedor. A Isaac le encargamos
la misión de buscarnos un transporte para el Ruwenzori.

Antes de partir nos fotografiamos con la
familia de Isaac en el jardín de su casa
9 de Agosto
Día de averías. “Macgivber Miguel” actúa
de nuevo y repara cinturón de baterías, cable de cámara
y el visor, pero empieza a ser preocupante el alto porcentaje de averías
que están registrando los equipos de filmación. Isaac entra
en el jardín de su casa con un camión al que ha lastrado
con barro la caja y le hace un piso superior con tablones atravesados
donde fija con cuerdas el sofá y los sillones de su casa y recoge
al fondo a modo de tienda de campaña una gran lona para protegernos
de la lluvia cuando haga falta. “Es la leche”
A las 3,30 de la tarde abandonamos Goma, tumultuosa y polvorienta, bajo
la calima de la tarde. El Niragongo, mudo y casi oculto alza su amenazante
cono volcánico por encima de la foresta. A medida que avanza la
tarde resulta más inquietante sortear y esquivar las ramas de la
arboleda que golpean con sonoros “baretazos” los asientos
en lo alto del camión. Es noche total cuando llegamos a Rutsora.
No hay luz en el hotel y nos vamos a cenar a las afueras, donde vemos
iluminación de motor.
El día acaba con un concurso de refranes. El mío: “Viaje
con Aír Zaire. Su aventura comenzará antes”. José
Sanchiz hizo dos muy buenos. Uno: “Quien con “emilios”
se acuesta, en el Seratón se levanta” (para que nadie pudiera
ofenderse, habíamos acordado cambiar la palabra “negro”
por la palabra “Emilio”) y el otro, que fue oportuno, pues
acababan de llegar un grupo de Belgas, entre los que viajaba solamente
una chica: “Son todo “bergas” menos una”. ¡Que
tonto es el día, cuando uno es feliz!
10 de Agosto
El viaje hasta Ruindi son sólo 57 kilómetros de infernal
camino en el que invertimos 4 horas. El Hotel de la Ruindi, dentro del
parque, es agradable y confortable; hecho para turistas. Tiene hasta una
piscina que fue lo que más usamos. Una caja de cerveza y otra de
fruta y nos vamos a recorrer el parque y realizar las oportunas grabaciones
de animales salvajes. Regresamos pronto para comer y a las 4 de la tarde
volvimos a salir. El camión por estas pistas es una verdadera paliza.
Grabamos a toda clase de animales, menos elefantes y leones, que son los
más buscados por los turistas y presenciamos un incendio que avanzaba
por las colinas del parque
Lo mejor la ducha en la noche. Sin luz, pero mucho ruido sospechoso de
animales sueltos entre las aisladas cabañas. Mejor no ir a ver
que son y dormir si se puede.

Filmando en La Ruindi, bajo la protección
del Ranger. El río está infectado de hipopótamos.
11 de Agosto
A las seis de la mañana ya estoy con el cámara grabando
el izado de la bandera del Zaire frente a la formación de todos
los rangers del parque. Viajamos hasta Visumwi, una aldea pesquera junto
al lago Idi Amin Dada. Una buena visión del África agrícola.
Sólo hemos podido grabar el culo de un elefante huyendo de nuestro
camión.
Por la tarde emprendimos el viaje por esta carretera bien llamada “ruta
de la belleza” hasta Cañavalonga, y quiso la fortuna que
nada más salir del hotel, viésemos cazar a una leona. Sólo
puedo decir “impresionante” el juego entre cazador y cazado.
De noche llegamos a la peculiar Cañavalonga, donde comenzamos a
hacer funcionar nuestro motor de gasolina para reponer baterías
de cámara, lo que nos supuso a Miguel y a mí pasar la noche
“en blanco”

Filmando aves en Visumvi desde el mismo
camión.
Nuestro hogar durante muchos e interminables kilómetros
12 de Agosto
Atravesamos Cañavalonga, cuyo enclave y disposición urbana
de sus chavolas y chozas son de un equilibrio natural, llamativo y sorprendente.
El conjunto del poblado, recostado sin una estructura geométrica
sobre un terreno de colinas, desordenado y a la vez armonizado con su
propio entorno, resulta encantador. El trayecto desde allí hasta
Beni es igualmente de total belleza, pero los aproximadamente 200 kilómetros,
nos costarían 13 interminables y duras horas de camión.
Para describirlo, baste decir que hemos bautizado a nuestro vehiculo con
el apelativo de “katumbos Kulai”, plátanos, maíz
hervida y un café, ha sido todo lo que hemos logrado ir comprando
por el camino.
Llegamos totalmente de noche a Beni y nos asustamos cuando notamos que
la calle principal de la ciudad tenia asfalto. El Hotel esta bien, pero
no hay camas para todos y con la suerte que tengo, me tocó “suelo”.

La peculiar “Cañavalonga”
y una robusta bicicleta. “Funciona”
13 de Agosto
La noticia de un camión volcado en la pista de Mont Hoyo a unos
80 kilómetros de la ciudad, nos aconseja no precipitar nuestra
salida. 180 kilómetros entre ir y volver, sería un día
entero y añadido sobre el “Katumbos Kulai” a lo que
no estábamos dispuestos. Dedicamos el día a compras y descanso,
que falta nos hacía, sobre todo en las partes opuestas de nuestra
anatomía. Poco se puede comprar en la ciudad, salvo pepitas de
oro, por ser zona aurífera, pero si te pillan, la pena del gobierno
es la “muerte”. Tampoco se comercializa ya el marfil y los
talleres que antaño vivian de ello, han sido reconvertidos a trabajos
en hueso y madera.
En el restaurante del hotel, durante la comida nos ponen a Julio Iglesias,
en castellano. Por la tarde fin a las compras de comida fresca y revisión
de las cargas para los porteadores, en un intento de adelantar, dentro
del retraso acumulado.
14 de Agosto
Llueve torrencialmente, pero afortunadamente para pronto y por lo menos
no nos mojaremos en el trayecto, pero tendríamos que sufrir los
embarrados caminos. Poblados y selvas, nos llevan hasta el “Simuliki”
El Nilo Blanco, que está custodiado por el ejército impidiéndonos
el paso por el puente, bajo sospecha de intento de voladura por un grupo
de mercenarios. Isaac les demuestra que no somos nosotros enseñándole
un papel. Como no sabía que era, me acerqué a verlo y comprobé
horrorizado que había falsificado un documento oficial del gobierno
por el que se nos permitía, recorrer el Zaire y realizar todo tipo
de grabaciones. Así que filmamos aquel objetivo, no sin poco nerviosismo,
no fuera que al Teniente al mando, se le ocurriera llamar por teléfono
para comprobarlo y cruzamos el puente a toda prisa, con la promesa de
regalarles a la vuelta las cuerdas de escalada, cosa que desde luego,
no teníamos intención de hacer.
Por fin llegamos a la estación del parque Nacional de los Virunga
en Mutsora donde gestionamos los permisos de entrada y de grabación,
para bajar luego al hotel de Patric, a quien le encargaríamos la
contratación de los porteadores. El tiempo que ha estado cerrado,
no nos permite ver las montañas de la Luna, más que parcialmente.

El Semliki “El Nilo Blanco” y grabando ante
la menor oportunidad, en marcha si hace falta
15 de Agosto
Sanchiz nos despierta a las seis de la mañana. El pico Alejandra
se divisa con total claridad, pues todo el macizo se encuentra despejado.
A medida que va subiendo el sol, las montañas van envolviéndose
en su habitual manto de nubes. Hemos contratado 20 porteadores para ayudarnos
a transportar nuestros equipos, más el guía.
Superamos las primeras zonas en cuesta de cultivos de plátano y
de café y justo en el límite de la selva, nos reagrupamos
para penetrar en ella. Vana pretensión, pues el equipo de rodaje,
por sus constantes paradas queda retrasado. Hicimos unas 10 paradas para
grabar en la selva a un promedio de 6/7 planos. La selva es al principio
encantadora y poco a poco va haciéndose espesa y abrumadora.
El equipo de grabación lo componemos 5 personas y cada parada es
un ritual: Plantar trípode, sacar de su protección contra
la humedad, cámara, magnetoscopio y baterías, montar todo,
hacer balances de luz y acción. Silencio. Se graba. Llegamos totalmente
de noche al refugio “Kalonge”, situado a 2.138 metros de altitud.
Sanchiz y José Fco. Han preparado una cena “de lujo”
para el lugar.

Antonio, filmando antes de penetrar en
la selva, justo en la entrada al parque.
16 de Agosto
Jaleo total en la reorganización de las cargas para los porteadores
bajo la lluvia. Estoy hecho polvo del estómago, pero el Doctor
Paco, (industrial del cartón) me ha hecho un tratamiento a base
de “Tanagel” para contener “los otros ríos”
además del cristalino cuyo murmullo escuchamos al fondo de los
barrancos de espesa arboleda.
El trayecto de hoy entre refugio y refugio, es “la leche”.
Hay que imaginarse una selva muy empinada, envuelta en niebla, agua, barro
y gritos de monos que deben estar, pero que rara vez alcanzas a ver. Llegamos
al refugio “Mahangu” cerca de las tres de la tarde. La tónica
de grabación ha sido la misma. La tarde nos depara un nuevo problema
con el motor de gasolina que comienza a no funcionar bien. “Macgiber
Miguel” y Sánchez, lo desmontan pieza a pieza y lo vuelven
a montar. ¡Funciona! Y relajamos la tensión pues creí
que se había acabado el reportaje. La cena ha vuelto a ser “de
pecado”. Por culpa del retraso para cargar baterías, otra
noche junto al motor, cuyo ruido afortunadamente ahogó el de la
selva en la oscura noche. Hay estrellas en el cielo, pero sólo
cuando las nubes dejan un hueco, puedo extasiarme con sus limpios brillos.
La anécdota del día ha sido el ofrecimiento a los Dioses
del Ruwezori. Mis acompañantes han depositado comida y yo, por
Europeo (y agilipollas, añadí yo) puse dinero, pero como
se ve que puse mucho, me devolvieron la mitad ¡Qué cosas!
Luego todos juntos bailamos dando vueltas a un tambor improvisado con
troncos y ramas.
17 de Agosto
El día de hoy, tiene de entrada una pendiente “de aupa”.
Suerte que se ha ido suavizando, aún así, el trayecto es
largo. Justo cuando se está produciendo el cambio en la vegetación,
y comenzamos a ver impresionantes “Lobelias” y “Senecios”,
comienza también a llover envueltos por una densa niebla que no
nos abandona hasta alcanzar el “Kiondo” a 4.200 metros de
altitud. El motor ha vuelto a decir que no. Vuelta a desmontar y volver
a montar, pero tampoco. El sol sale y despeja una buena parte del macizo.
Añadimos alcohol de quemar a la gasolina y logramos una buena combustión
para cargar baterías. La cena otra vez “un lujo” Está
claro que el equipo funciona y cada cual tiene asignado un papel que cumple
a la perfección.

Un momento de filmación entre
la niebla. Después despeja y el atardecer es un regalo.
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