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Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell


Memorias de expediciones

 

Quimsa Cruz-99

Diario resumen de mi última expedición


Aquél año terminaba el siglo XX, y yo, que había nacido en su mitad, me encontraba en ese momento crucial en la vida de una persona, en el que tiene que decidir que va ha hacer el resto de sus días. No me pregunten como se llega a eso. Simplemente se llega, y uno comienza a tachar viejos proyectos que ya nunca serán realidad y subraya otros nuevos mientras se despide de algunos amigos, y de los falsos. Había decidido darle un rumbo nuevo a mi vida. A partir de aquel momento sólo gastaría energía en aquello que mereciese la pena. No tuve que mirar lejos, ella estaba allí. Ya había probado su carácter en la montaña y decidí que mi última aventura como alpinista iba a ser con ella. Se lo debía después de tantas despedidas y soledades a causa de mi afición.


5 de Agosto:
Es de madrugada y no logro conciliar el sueño a causa del exceso de equipaje que llevamos, aunque no iniciamos el viaje hasta después del medio día. Tren a Madrid y vuelo para sufrir. Ya no dejan fumar. Escala en Sao Paulo ¡Y tampoco se puede fumar!, creo que son estas cosas las que hacen que no me decida a dejarlo. Nunca me han gustado las imposiciones.

6 de Agosto:
Seguimos tirados en el aeropuerto. La escala es larguísima, pero me compincho con las chicas de la limpieza, que también fuman y lo hacemos en los aseos (me refiero a fumar). Sobre las seis de la tarde abandonamos el suelo brasileño rumbo a La Paz. Llegamos entrada la noche y un taxi nos llevó a un hotel en el barrio del comercio callejero, donde la vida bulle. Me gusta la gente.


Tremendas calles en cuesta en los barrios más populares de la Paz

7 de Agosto:
El dolor de cabeza molesta. La farmacéutica nos aconseja “Sorochil” y funciona. Comenzamos la tarea de buscar guías que conozcan la región de Quimsa Cruz. Encontramos a uno, pero no puede acompañarnos en la oficina de Hugo Barrio. Me entrevisto con Alfredo Martínez, andinista boliviano, (de unos 65 años) que estuvo en Quimsa Cruz con la expedición japonesa hace muchos años. Puedo leer todos los recortes de prensa de la época que conserva, pero no estuvo en la zona concreta que pretendemos explorar. Alfredo se encargará de buscarnos un porteador y un cocinero, así como comprar todo lo necesario para la estancia en la montaña. Sólo llevamos el equipo personal y algo de material.

8 de Agosto:
Decidimos viajar a conocer las ruinas de Tiwanacu y nos vamos en un pequeño autobús. Todo el día de excursión hasta la tarde. El ganar un poco de altura nos ha sentado bien, pero todavía andamos algo cansados. Las calles de esta parte de la ciudad donde nos alojamos son endiabladamente empinadas y es un buen entrenamiento, simplemente pasear.


Con los constructores de “Totoras” en el lago Titicaca

9 de Agosto:
Hoy repetiremos la experiencia de la altura subiendo hasta el lago Titicaca. Hemos contratado un coche para nosotros solos y disfrutamos de un paseo en barca por el lago que nos relajó muchísimo. Luego nos encanto hablar con los constructores de “Guatajuata” que están haciendo varias “Totoras”, una de ellas es impresionante y más grande que la que había construido para el español Quintín Muñoz. De regreso a La Paz, Alfredo me acompaña al Instituto Cartográfico Militar en busca del plano, pero está cerrado. Hay que regresar mañana.


10 de Agosto:
Lo primero es conseguir el plano cartográfico y así, nos plantamos en el complejo militar a las afueras de la ciudad, donde la seguridad es total. Nos atienden muy bien y sin ningún problema, en el momento nos hacen una copia con un plotter. Luego cerramos los precios de los sueldos para el cocinero y el porteador y la lista de comida que queremos. Día dedicado al estudio de la zona en el que estén dos picos vírgenes y uno es el objetivo fijado. Repaso toda la documentación que me dio en Madrid Javier Sánchez y que contiene las informaciones del Chileno Echevarria. Hago pesquisas para localizar a un americano que me dicen ha estado allí y finalmente puedo hablar con él por teléfono, pero no sabe nada sobre la quebrada que le pregunto. Todo esto me anima más.

11 de Agosto:
El porteador y el Cocinero (Luís Mendoza y Tomás Laime), ya nos están esperando a las cinco de la mañana a la puerta del hotel. Un coche nos llevara al Alto a coger el autobús que cubre la línea El Alto-Viloco. Contrariamente a lo que pensábamos, el viejo autocar está lleno y el volumen de los bultos que transporta sobre el techo es considerable. Organizamos que nuestro equipaje quede a mano, pues nos bajaremos antes de llegar a Viloco.
A pesar de no haber amanecido hay gran trasiego de gente por la calle. Partimos. Al principio la carretera está asfaltada. Viajamos por lo alto de la meseta, pero a los cien kilómetros más o menos, dejamos el asfalto que ya no volveríamos a ver, para continuar por caminos de tierra hasta “Caxata” antigua ciudad minera, casi abandonada, donde se efectúa parada obligatoria para comer. Son las 11,30 y sólo hemos avanzado en cinco horas y media, poco más de 150 kilómetros.



Fascinante itinerario andino

Después de la comida, que es mejor no recordar, el camino circula por abismos continuos, bordea lagos y glaciares y sube hasta los 5.100 metros de altitud, por increíbles cuestas de tierra, donde todavía queda nieve. “Alucinante”. “Sin palabras” y de una belleza inolvidable. “Una tarde para recordar”.
A la bajada del alto collado, en una curva del camino, para el coche, bajamos bultos y personas y quedamos en medio de la nada sobre los 4.600 metros, a la entrada de la quebrada de Atoroma. Los cuatro nos ocupamos de trasladar todo nuestro equipo hasta el campamento, que instalamos junto a una pequeña cascada de frías aguas. A las 6 de la tarde notamos como baja la temperatura. Caballos salvajes y Llamas, son nuestra única compañía en aquel alto lugar. Mientras preparaban la cena, subí con Maruja al valle superior buscando una mejor aclimatación y disfrutar del increíble espectáculo del atardecer andino.


La vida en pareja cambia los papeles por encima de los 4.540 metros

12 de Agosto:
La visión de las puntas de los nevados sobresaliendo por encima de las primeras rampas de la quebrada es espectacular. La noche ha sido desasosegada. Muy temprano partimos hacia arriba. Nos acompaña Luís que nos ayuda con el peso a transportar. Llegamos hasta la lengua Terminal del Glaciar Atoroma, señalizando el camino con mojones de piedras. El día ha sido excelente y la marcha muy tranquila gracias a las continuas paradas para realizar triangulaciones, tomar fotografías y escribir notas y dibujos de toda la quebrada. Alcanzamos los 5.150 metros y regresamos. No hemos logrado ver nuestro pico. El que hemos decidido encontrar.
Regresamos al Campamento.


El Yaipuri se levanta impresionante al Oeste de la quebrada

13 de Agosto:
Salimos a completar nuestra aclimatación, pues el día de ayer fue malo para todos. No tenemos prisa en salir y volvemos a remontar la morrena hasta el glaciar, comprobando con sorpresa que a las doce hemos llegado y estamos bien. Dejamos a Luís esperando al inicio del glaciar y Maruja y yo superamos todo el Glaciar hasta el Gran Plató desde donde ¡por fin! Podemos divisar nuestra buscada cumbre. Las grietas asustan a mi compañera. Es tarde y el trecho hasta la cumbre me parece peligroso para ella y su corta experiencia. Estamos a 5.450 metros de altitud y a sólo 100 de la cima, pero decidimos regresar.
No sabía como plantearle una ascensión en solitario, cosa que no me apetecía, pues no concibo así el montañismo, cuando la discusión se evitó, al pedirme Luís que le dejase acompañarme. Le gustaba aquello. Quería dejar la paleta de albañil y dedicarse a esto y tenía unos pies tan pequeños que el número 35 de las botas de plástico de Maruja le venía que ni pintado. Por la tarde empezó a nevar.


En el valle superior de la Quebrada de Atoroma Chuma

14 de Agosto:
Decidimos tomarnos el día de descanso, mientras aleccionaba a mi nuevo compañero sobre el maneo de la cuerda, el piolet y los crampones y algunas cosas que no llegué a tener muy claro si comprendió, pues a todo me dijo que sí, como si de un acto reflejo se tratase. Por la tarde ¡sorpresa! Vimos un pastor que venia andando por el valle, le llamamos y le invitamos a comer. Por el supimos que las minas de playa las habían cerrado en 1.995 cuando dejaron de ser rentables. La noche fue la más fría de todas.

15 de Agosto:
Amanece el día decisivo. Recorremos el camino conocido y comenzamos a remontar el glaciar. Atravesamos cinco grietas y aunque a Luís le noto algo nervioso por el salvaje ambiente alpino, cada vez que le pregunto como va, me responde que bien. Le hago que se fije bien al cruzar las grietas y que lo haga por el mismo sitio por donde yo piso. Poco a poco le noto más tranquilo. La rampa final hasta el gran “apachita” (collado) se me hace más dura que la última vez. Llegamos al punto alcanzado anteriormente y vuelvo a considerar la peligrosidad de los tramos finales, entre grietas y extraños agujeros que se aprecian en el hielo. Le digo a Luís que si quiere me espere aquí, pero me responde “con el compañero Manuel hasta arriba” y seguimos hasta coronar cogidos por el hombro gritando cada cual el nombre del otro y la condición que allí nos une, y cada uno en la lengua del otro. Así el gritaba ¡Compañero Manuel! Y yo le respondía ¡Jilata Luís! En una loca escena entre un bancario español y un albañil aymara, que gritaban al viento andino la grandeza de la amistad montañera.

Luís Mendoza durante la ascensión. Al fondo el Illimani
En la rampa final a la cima y en ella los Jilatanacas Luís Mendoza y Juan M. Maestre – 15 de Agosto de 1.999

Decidimos llamar al pico, “Qhuno Kollu Jilatanaca”, cuya traducción del aymara quiere decir “Nevada Compañeros”.
Estuvimos mucho tiempo en la cima disfrutando de maravillosas vistas. En la lejanía se levantaba el Illimaní, soberbio y altivo. Yo di gracias a la “Mama Pacha” por aquel regalo en mi última expedición. Luego descendimos, recogimos el campamento y nos plantamos en el camino esperando el paso del autocar, que sabíamos pasaba de regreso a La Paz. Mucho frío esperando sobre el camino y después de la media noche paró al destello de nuestras linternas. Regresamos. Un grupo de chicas cantaban canciones, alegrando el largo viaje. Me quedé dormido con la pegadiza letra:

En la calle quedamos.
Yo he llegado.
Tu no has llegado.

Me pareció incluso que la cantaba, pues desperté, cuando también El Alto despertaba. Los viajeros fueron bajando poco a poco al entrar a la populosa urbe.

16 de Agosto:
Día de descanso en el que andamos dando traspiés a causa de la noche de autocar. Cerveza en el bar “Manolo” y paseo por La Paz, donde encontramos a los socios del Alpino que han intentado el Sajama sin éxito. Les dejamos, pues hemos quedado para comer con nuestros compañeros Luís y Tomás en el mismo hotel donde nos encontramos. Nos reímos recordando las peripecias del viaje. Invitamos también a la tarta al personal del hotel. Tarde de encargos: Billete aéreo para la provincia de Santa Cruz, donde descansar antes del regreso a España, y cierre del trato para el viaje inminente al Perú.


Mis compañeros Maruja Perea, Luís Mendoza y Tomás Laime

17 de Agosto:
De turistas totales. Compras y cena con baile típico

18 de Agosto:
Más turismo. Más compras y excursión en taxi al valle de la Luna. La comida de Homenaje en un excelente restaurante. Por la tarde museo musical y comprar libros “mi otra pasión”.

 


Gran compañera de viaje en el Titicaca

19 de Agosto:
Autobús hasta Copa cabaña, pero la del lago Titicaca, por donde cruzamos la frontera en barcazas por el estrecho de Tiquina. Cambio constante de autocares y movilidades. El viaje lo hacemos con la Sra. Joaquina, Gerente de la empresa familiar que nos acompaña personalmente para comprobar que no falla nada. El viaje también se convierte en familia. Joaquina es bastante mayor y parece nuestra madre, pero tiene coraje la señora. A Cuzco llegamos de Noche, justo a la hora de cenar.

20 de Agosto:
Visita a la ciudad de Cuzco y a caballo desde “Saqsaywaman”, impresionante hasta “Puka Pukara” escondida, para volver apie bajando las milenarias escalinatas. Buena comida en la plaza principal de Cuzco.


Magnífica excursión a caballo entre las legendarias ruinas
de SAQSAYWAMAN y PUKA PUKARA

21 de Agosto:
De madrugada ha salido el tren al “Machu Pichu” turístico, pero nosotros viajamos en el tren del pueblo, parando en cualquier quebrada donde alguien levante la mano al tren. Llegada a Aguas Calientes, singular lugar donde acaba el tren y donde comemos. Visita a “Machu Pichu” que no decepciona. A las siete de la tarde regresamos hacia Cuzco. A las 11 llegamos. El tren vuelve a estar animado y no es difícil entablar una buena conversación con la gente. Aleccionador viaje.


Impresionante ciudad “Machu Pichu”

22 de Agosto:
Todo el día de regreso a La Paz, por la frontera de Desaguadero. Varios cambios de vehículos, carreteras y caminos y a las 10,30 de la noche llegábamos al hotel.

23 de Agosto:
Confirmamos el viaje a Santa Cruz y día de descanso total.

24 de Agosto:
Por la tarde vuelo hacia Santa Cruz. Allí el clima es cálido. No hace el frío de la meseta boliviana. El viaje es rápido con una escala en Cochabamba. Santa Cruz me gusta, de sabor colonial, sus principales calles conservan los soportales de madera. Sus terrazas en la plaza son muy bonitas y agradables para una cena romántica, depues de una tarde tomando el sol en la piscina del Hotel Santacruz.

25 de Agosto:
La táctica contratar a un taxista para que nos enseñe toda la ciudad que se extiende estructurada en múltiples anillos de circulación. Visitamos también el Zoológico, algo descuidado, pero con animales muy autóctonos de esta parte del mundo. Un día ajetreado, pero el taxista no se ha dejado nada por llevarnos.

26 de Agosto:
Día de manifestaciones anti-gubernamentales y colitis aguda. Ambas cosas condicionan nuestros movimientos.


En todas partes cuecen habas

27 de Agosto:
Por la tarde vuelo de regreso, y otra vez larga espera en el aeropuerto de Sao Paulo. A las 11 de la noche despegamos hacia España. Día para olvidar.

28 de Agosto:
Aterrizaje de emergencia en El Salvador y de madrugada. No sabemos cuando podremos volver al avión. Larga espera, incertidumbre y al final volamos, pero llegaríamos a Madrid tarde para coger el tren. Noche en Madrid.

29 de Agosto:
El hotel Chamartín muy caro, pero se portan bien y nos proporcionan servicio de habitaciones, con lo cual podemos comer un poco. Al medio día vuelvo a ver las montañas de mi valle. Alegría.

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