Amarguillo | Cultura
montañera | Dahellos.com | Personajes
eldenses | Bonifasi
y Montañerico | Carros
de Fuego | Pies de gata Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell |
| Artículos |
| “Pintamontes”
|
|
Se me entienda. Que alguien con más o menos calidad, deje plasmado su arte a la par que inmortaliza la montaña, me encanta. Envidio la sensibilidad del artista y su facilidad de expresión, sea cual sea la técnica pictórica empleada. Lo que no me parece respetuoso con la naturaleza es la fea moda de pintar árboles y rocas, señalizando sendas y caminos de montaña y me importa un bledo que la idea de los actuales Senderos de Gran y Pequeño Recorrido, venga de la France y por ende de Europa “El Gran y civilizado norte”, desde donde, por cierto, también vinieron los bárbaros. Personalmente su gabacho impulsor, me parece tan “ligero” como el resto de sus compatriotas que asaltan camiones de fruta. |
![]() |
La nobleza
de sentimientos esgrimida en la última década del pasado
siglo, para acercar la naturaleza al ciudadano a costa de domesticarla,
nos trae ya en poco más de un decenio el horror de la masificación,
pasto fácil de los mercaderes de la montaña. Resulta chocante
que sean las Federaciones Regionales de Montaña las encargadas
de esta “gran cagada” que esta siendo la urbanización
de la montaña. A veces pienso que si a estos insensibles “pintamontes”
les dejasen actuar en cualquiera de los polos de la tierra, mancharían
con indeleble pintura la nieve virginal con tal de seguir dejando su marca.
No exagero, y doy gracias al cielo porque todavía no se han atrevido
con el mar. Sin duda cuando lo hagan, veremos un camino de boyas a cada
cinco metros, desde Santa Pola hasta la isla de Tabarca. ¿Te lo
imaginas?
|
|
Me cuesta creer que sea obra de montañeros con el permiso y encargo de la autoridad medioambiental. Es más me niego a creerlo. Ni los “pintamontes” son Montañeros ni las autoridades pueden ser medioambientales, lo que si creo es que a los demás nos toman por tontos. No se explica si no, tantas marcas de pintura en rocas, piedras y arbolado a cada corto trecho de camino, cuando sólo existe la única senda por la que transitamos. Es como si, un “pesado” te estuviese diciendo cada cinco minutos “es por aquí”, “es por aquí”, “es por aquí, “es por aquí”. ¿A que cansa? Puedo aseguraros que no son ni montañeros ni técnicos en naturaleza los autores de este problema de impacto medioambiental.
No puede ser un montañero, pues la primera regla de quien de ello se precie, ha sido siempre dejar la montaña como él se la encontró, sin que, en nada se advierta su paso. El montañés y el Montañero, desde el principio de la humanidad el primero, y desde el inicio del montañismo el segundo, han marcado caminos, sendas y recorridos con el “cairn”, “hito” o “mojón”; pequeña acumulación de piedras; dos o tres bastan para ver el rastro humano del camino. Así ocurre en todos los lugares de la Tierra. Así lo han hecho todas las civilizaciones del mundo a lo largo de la historia del hombre. Puedes ir al hemisferio Norte o al Sur y verlo. Sólo dos o tres piedras autóctonas, discretamente amontonadas junto al principio del sendero y en cada cruce, le han bastado al hombre para recorrer las montañas del mundo y donde no, hace como el marino, carta y brújula y esa dosis de aventura que el ser humano no debe perder. Ya perdimos la capacidad natural de hacer el fuego cuando otro “inventor” nos dio una caja de cerillas y si es cierto que la civilización con ello ganó mucho, ahora es el momento de decidir cuanto más queremos. Tampoco puede haber sido ningún técnico medioambiental. Me niego a creer que tantos años de estudio, concluyan recurriendo al bote de pintura. Un mínimo tiempo de reflexión y observación, estoy seguro que les hubieran dado soluciones menos agresivas.
Siempre he querido ver buena voluntad, ajena a intereses económicos y creo realmente que los realizadores de estos recorridos ya sean unos u otros, se dejaron influenciar por modas y queriendo ser útiles, no pensaron en nada más, pero es hora de que unos y otros comiencen a reflexionar y si es qué, lo que realmente les gusta es pintar, les rogaría que pintasen a la Montaña, o en la Montaña, pero que no pinten “LA” Montaña y si alguna vez resulta, verdaderamente inevitable, por riesgo o peligro, sed, por favor prudentes con el pincel. “Aquellas tierras nos trajeron estos lodos” pues no es esta la única agresión que sufren nuestras sendas de montaña y pienso seguir. Se lo debo a mis mayores y me siento obligado por nuestros hijos.
Juan M. Maestre |