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| “El niño que quiso ser alpinista” | |
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El niño destacó muy pronto entre los jóvenes escaladores
del momento y se ganó el respeto de todos por su carácter afable y decidido,
tanto es así, que poco después el Alpino puso en marcha la “Operación
KIMAKE- |
![]() José Luis Peinado Martínez (Peine), durante su primera expedición a África |
| Faltaba cubrir el aspecto económico y habiendo gestionado el viaje como grupo turístico, ello nos dio la posibilidad de contar con un billete de avión extra, que naturalmente iba a ser para José Luís Peinado, a quien ya habíamos acortado el trato con el apelativo de “Peine”. Aquella fue sin duda la mejor inversión que ha hecho el Club a lo largo de su historia, pese a que costó convencer de ello a los maltrechos bolsillos de algunos compañeros que tuvieron que renunciar a la opción de un sustancial descuento en el precio de sus billetes. Yo sabía que destacaría en aquella campaña africana y no me equivoqué. Desde entonces no ha dejado de hacerlo allá donde la aventura le ha llevado, siendo como alpinista hombre puntero e insustituible como compañero, algo no siempre apreciado. Estuvo siempre al lado de los que más alto subieron en el Monte Kenya, en los Himalayas, en el Aconcagua o en cualquier otro macizo al que su curiosidad le llevó y nunca le he visto presumir por ello. Quienes le conocen saben de su dinamismo y decidida entrega cuando se involucra en cualquier proyecto, y siempre desprovisto del ego personal en favor del beneficio colectivo, algo que es muy difícil de aprender si no se hizo con el biberón entre las manos. Hoy “Peine” es ya un veterano alpinista resultado de la forja en la montaña, sin duda su gran pasión, y sus ojos redondos y pequeños guardan celosas imágenes que hablan de lucha y esfuerzo, pero también de alegres momentos vividos, algunos de los cuales compartí, no muchos, pero creo no equivocarme si digo, que seguramente fueron los más decisivos para su formación montañera. Situaciones extraordinarias que me permitieron verle crecer como deportista pero sobre todo como persona. Han ido pasando los años y… tal vez porque nunca quise verle de otra manera, en mi retina quedó para siempre aquella mirada, entre asustada y curiosa, del niño que corría arriba y abajo entre la caravana de porteadores por la espesa selva, dando voces y controlando nuestro equipaje en su afán de ser útil en aquella, su primera y gran aventura africana y montañera, sin saber que ya lo era desde el mismo momento en el que con su ejemplo, nos demostró la férrea voluntad, del niño que quiso ser alpinista. Doy fe, que lo consiguió.
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