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“Carreras en la Montaña”
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| Es claro que tanto el deporte del motor como el del pedal han irrumpido en la montaña. La penetración se realiza por sus caminos y sendas, con gran valor y destreza de los conductores que se juegan el tipo, especialmente en los tramos de bajada donde algunos gustan de una mayor velocidad para marcar diferencias en el pilotaje. No pretendo enjuiciar la actividad deportiva en sí misma, ya sea en moto o en bicicleta, ni tampoco las carreras pedestres. Me parecen actividades deportivas tan loables y meritorias como la que más, pero… Sí, efectivamente hay un pero. Sólo hay que ver la degradación sufrida en algunas sendas de nuestras montañas, principalmente en los tramos donde la inclinación de la pendiente es más pronunciada y en las laderas donde la aridez del terreno es mayor. En ambos casos la potente fricción del neumático al resbalar sobre el inestable terreno causa destrozos que cualquiera puede apreciar fácilmente y que perjudican no sólo al sendero, también a la propia ladera que se ve involucrada poco después con rectificaciones sucesivas de trazados y regueros incontrolados cuyo final será la desertización. No hay error posible y los expertos medioambientales ya lo han certificado. |
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Tampoco la
zancada potente del corredor pedestre buscando frenar al cuerpo ante la
menor resistencia a la ley de la gravedad que la inclinación impone,
favorece el mantenimiento de nuestra red de senderos de montaña,
especialmente en esas mismas laderas de fuerte pendiente y terreno inestable.
¿Qué podemos hacer?
Todos tenemos derecho a disfrutar en la naturaleza como más nos guste, siempre que no se cause daño. ¿Dónde si no, entrenar y practicar la potencia y velocidad en las carreras por montaña? Creo que sus mismos practicantes deben decidirlo. La masificación actual que soporta la montaña
y en mayor medida los deportes de velocidad que se están estableciendo
en ella, aumentan por cien la degradación por el uso. Recorrer
esos senderos es sin duda para el montañero, el corredor, el ciclista
y el motorista, todo un placer del que estoy seguro ninguno queremos arrebatar
a futuras generaciones. La pregunta creo que nos la debemos hacer todos
los que practicamos nuestra actividad en este medio natural y contestarnos
con sinceridad. |
Yo estoy seguro de que,
si todos los implicados nos preguntamos que clase de senderos queremos
dejar a nuestros hijos, seremos capaces de encontrar la solución.
La mía ya es sabida. Dejar la montaña como nos la hemos encontrado, sin que se aprecie nuestro paso. Personalmente me gustaría dejar a las futuras generaciones una Tierra mejor que la heredada de mis antepasados, labor harto difícil, a tenor de la velocidad que la evolución humana ha tomado, y ya me conformaría con dejarla tal y como me la encontré, pero debemos intentarlo. Poco podemos hacer de una manera directa en la escala global, pero a pequeñita escala, en nuestro pequeño territorio, el que más conocemos y usamos, no os quepa duda que aquí somos sin duda los mayores expertos. Decidamos que queremos hacer y hagámoslo sin más demora y sobre todo asumamos lo que estamos haciendo con la conciencia de ser sólo nosotros mismos los responsables de ello. ¡Aquí ya no vale echar la culpa al otro! Y soluciones entiendo que debe haberlas para todos. Vale la pena que lo meditemos tranquilamente y después que cada cual con su conciencia haga el camino como entienda debe hacerlo. Yo sé que es posible, sólo hemos de sacar de nosotros mismos el ser humano que llevamos dentro.
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