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A pesar
de haber llegado a media tarde a aquella lejana tierra, le pedí
a Black, (el negro) nuestro guía, una vez realizado un breve recorrido
por el Parque Nacional de Tierra de Fuego, que nos mostrase Ushuaia, la
ciudad más austral del mundo, a la que yo erróneamente había
supuesto como pequeña aldea, pero que según Black, estaba
llegando a los 55.000 habitantes. Yo pensé: ¡Como en mí
querida Elda!
Ushuaia, fundada en 1884 se mantuvo como un pequeño puerto y prisión estatal, hasta que llegó la expansión industrial y creció, gracias al trabajo de múltiples fábricas de electrónica y el milagro de la exportación, ¡igual que en querida Elda! La ciudad se agrandó vertiginosamente en aquellos años, desde el canal Beagle, que comunica los océanos del Pacifico y del Atlántico más allá del Estrecho de Magallanes, y pronto rebasó la estrecha franja costera para trepar por las laderas de la montaña y crecer desordenadamente, ¡Como pasó en mi querida Elda! Black (el negro), mientras nos lleva a las cabañas que habíamos contratado para nuestra corta estancia en aquel remoto lugar, nos contó las dificultades a causa del paro, que la ciudad estaba atravesando, desde la entrada de otras potencias económicas a causa de MERCOSUR y la difícil competencia que aquello causó ¡Como en mi querida Elda! Mientras subíamos por las tortuosas calles de Ushuaia, alejándonos y elevándonos sobre aquella franja donde los dos mares del fin del mundo se mezclaban, el conductor del vehículo y compañero de Black, atribuía aquel caos urbanístico a la mala gestión pública, de unos partidos políticos, que se ocupaban más en peleas por el poder, que en la gestión de su ciudad. Yo me dije: ¡Como en mí querida Elda! Cuando llegamos a las cabañas del Beagle, quedé
maravillado. Habíamos dejado atrás en nuestro camino, grandes
y numerosas calvas de removida tierra en el bosque de Lengas, que dejó
de ser bosque, para convertirse en horribles y feas cicatrices sobre la
que antes había sido una bonita ladera recubierta de árboles.
¡Como suele ocurrir en las montañas de mi querida Elda! |
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Alejandro Chizzini, navegante y marino en aquellos australes mares, es el promotor, constructor y creador de aquellas magnificas cabañas hechas con piedra del lugar y troncos de la autóctona madera. Y lo maravilloso es la exquisita armonía con la que aquellas construcciones surgen en el bosque, sin pisarlo, sin talarlo, sin destrozarlo. Respetando el vuelo de cada copa, de cada tronco torcido buscando la luz natural del sol… Porque las cabañas del Beagle, han sido construidas, elevadas sobre el suelo y comunicadas entre si, mediante aéreas pasarelas y escaleras que de cuando en cuando se abren a nuestros pies para dejar crecer a los árboles que allí, estaban antes. El alerón de algunos tejados, ha sido construido y recortado lo preciso, para dejar el espacio necesario al viejo tronco que crece impertérrito, y nada de lo hecho por el hombre perturba en aquél lugar al bosque. Alejandro las construyó sin pelotazos inmobiliarios, y sin que nadie se lo impusiera. El “viejo marino” (que no es viejo, es argentino. “víste”) lo ha hecho con la sola ayuda de su amor a la naturaleza. Nuestra estancia en aquellas cabañas fue breve. Sólo un par de días, que sin embargo dejaron en mi, la convicción de que cuando quiere, el hombre sabe y puede armonizar con la naturaleza, usando como Alejandro, la sensibilidad de que es capaz. Hoy, cuando veo en Mi querida Elda, las luchas y discusiones, todas argumentando razones, por una zona como las Barrancas, me acuerdo de aquellas cabañas y del amor que contenían, y ¡Ojalá!, SI NO LA TIENEN LOS POLITICOS, QUE SEAN LOS ARQUITECTOS, PROMOTORES, CONSTRUCTORES, O SIMPLEMENTE OBREROS, los que tengan una mínima parte de la sensibilidad que Alejandro Chizzini, él, que sin ser nada de todo eso, hizo posible las Cabañas del Beagle. Me hubiera quedado allí para no tener que sufrir la falta de ese amor en mi tierra, pero estábamos ya finales de Agosto y había que regresar. Había nevado toda la noche y al otro lado del Beagle, los últimos picos de la cordillera patagónica amanecieron inmaculados bajo el blanco manto. En el otro hemisferio de la tierra me esperaba mi pueblo, en el qué, por cierto, en eso de la nieve es una de las pocas cosas, en las no se parece a la última ciudad del mundo, “mi querida Elda”. Juan M. Maestre |
![]() Paisaje Patagónico desde las cabañas del Beagle |
![]() Las Barrancás de Elda |