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Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell


Artículos

“Por sus frutos los conoceréis”

(Publicado en Boletín C.E.E. nº 17 Julio-Agosto de 1.991)

Era el título de la presentación que Daniel Esteve en su calidad entonces, de presidente de la sociedad, firmaba en el estudio de la OPERACIÓN ATLAS-71. Hace ahora 20 años de aquella primera expedición eldense que si mal no recuerdo, fue también la primera actividad internacional de carácter montañero, organizada en nuestra provincia y de las primeras igualmente, en la región valenciana, tras aquella célebre expedición denominada GROENLANDIA-70.

Vista hoy desde la perspectiva del tiempo transcurrido, cuando ya han sido muchos los eldenses que con posterioridad han realizado actividades en aquel macizo marroquí y en otros recónditos lugares de la tierra, no puedo menos que darle la razón a Daniel, porque aquel fruto del verano del 71, lejos de personalismos, fue la semilla que hizo germinar proyectos de mayor envergadura, que han ido forjando día tras día, el carácter deportivo de nuestro montañismo local.

 


Componentes de la Operación Atlas-71
Riquelme, Martí, Cano, Mere, Vicedo y Maestre


Hoy, 20 años después la historia se repite en un grupo de Jóvenes del Club Alpino Eldense y en su OPERACIÓN ATLAS-91. Sus inquietudes siguen siendo las mismas. Lo que ha cambiado, es que ahora soy yo quien les veo partir hacia el mismo objetivo y comprendo mejor a Daniel. Ellos son ahora más jóvenes y están sin duda mejor preparados que aquella nuestra generación pionera; pero su espíritu sigue siendo el mismo, “ser mejores cada día, más humanos, más capaces…”. A lo largo del tiempo transcurrido, he visto partir a muchas expediciones y he formado parte en todas las que he podido. Unas han tenido como objetivos rutas de difícil acceso y otras no tanto, pero en todas había sin duda ese afán de aventura que nació y se cristalizó en nuestra ciudad, hace ahora 20 años. Analizar aquí y ahora si ese afán de lanzarse a lo que para uno es desconocido es bueno o malo, ya no tiene sentido en el tiempo en que vivimos.

Retomando las palabras de Daniel en aquel tiempo, que con su permiso hoy yo también suscribo, lo que verdaderamente importa no son los resultados más o menos brillantes en lo estrictamente deportivo, sino lo que ello supone, que no es ni más ni menos (cito literalmente) que la presencia de unos hombres con inquietudes, con valores humanos, con ansias de mejorar y de contribuir al fortalecimiento de una sociedad mejor. Y esto si que tiene valor.

En lo personal, que la historia se repita, aunque ahora yo esté en el otro lado, es como un regalo para quien desde la humildad, ha hecho siempre lo posible por seguir un mismo camino desde hace ya tantos años, que son demasiados para intentar torcerlo hoy. Que 20 años no son nada (esto me suena a Tango) si tu ves en la mirada el mismo encanto de ayer; lo ves y sientes una gran alegría, y piensas que tu generación no ha sido del todo inútil, que algo ha quedado, que otros seguirán alzando sus miradas, buscando el mismo horizonte infinito, ese que tú ya sabes, no encontrarán jamás. Ya sabes que es bueno que así sea, que hay que mirar más alto,… más lejos,… el más difícil todavía, por inútil que a muchos les parezca; porque estos son los valores que espero algún día, ayuden a mejorar la sociedad y sus confusas relaciones humanas.

 


Miembros de “Aventura Joven – Atlas-91” antes de partir.


Hoy, este gran árbol con muchas ramas que es nuestro Centro Excursionista, que un día vio llevarse al viento sus semillas, creo que se sentirá orgulloso al saber que los hijos de su principal tallo, lograron germinar, y que a su vez, sus semillas comienzan a dar fruto que sigue siendo el original, ajeno a injertos no deseados, y que a pesar de haber hincado sus raíces en otro lugar del valle, sigue siendo la misma tierra la que da una savia nueva, que no distinta, de aquella que en sus propios orígenes mamó del árbol padre.

Que esos frutos maduren es ahora mi mejor deseo para que un día puedan ellos también recordar tiempos pasados con alegría y seguir afirmando que tenía razón Daniel.


Juan M. Maestre

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