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Textos de: Juan Manuel Maestre Carbonell |
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“El mal de altura” Desconocido salvo para alpinistas, el “mal de altura” o “mal de montaña”, se produce al ganar altitud con rapidez, cuando el cuerpo no está aclimatado. Se trata de un mal reversible relacionado con la hipoxia o enrarecimiento de oxigeno en el aire. En Latinoamérica, se le llama “puna” o “soroche”, y es especialmente agudo. Que se sepa, no tiene relación con la edad o sexo de la persona que lo sufre, por lo que afecta a cualquiera. Tampoco se puede confiar en estar “vacunado” contra esta indisposición, por haber estado a similar altitud, tiempo atrás. Suele manifestarse a partir de los 3.000 metros de altitud sobre el nivel del mar, y por encima de los 5.000 puede ser más agudo, pero no es regla fija para todos los humanos y dependerá de cada persona. Los síntomas son dolor de cabeza, nauseas, incluso vómitos, pérdida de apetito e incapacidad de dormir, Pero no quiere decir que tengamos todos los síntomas a la vez. Podemos padecer uno sólo de los síntomas o todas las combinaciones posibles de dos o más molestias. Otra vez dependerá de cada ser humano en concreto. Basándome en mi experiencia personal, el dolor de cabeza ha sido el único síntoma que sufrí, y no siempre. Ni vómitos, ni pérdida de apetito, ni falta de sueño. Eso sí, el dolor es como tener la cabeza totalmente hueca y un ladrillo en su interior que va golpeando a cada paso las paredes del cráneo, produciendo una jaqueca punzante que dificulta la concentración. La mejor prevención es aclimatar adecuadamente al organismo a la altitud y beber mucha agua. Una solución muy eficaz es descender con lo cual se mejora en la mayoría de casos con inmediatez. El suministro de ácido acetilsalicílico (la popular aspirina o similar) es adecuado por ser un vasodilatador. Se trata en definitiva de un asunto, que
cualquier montañero que planeé una salida a montañas
por encima de los 4000 metros, debe tener en cuenta, y adoptar las medidas
necesarias de prevención, pero sobre todo yo diría, que
lo mejor es tener un buen conocimiento de la existencia de este fenómeno
natural y estar tranquilo si se presentan los síntomas. Es fundamental
no preocuparse demasiado para no empeorar el cuadro clínico con
algún tipo de ansiedad, y tener la suficiente frialdad para emprender
el regreso hacia cotas más bajas donde aclimatar al cuerpo a la
altitud y volver a subir al siguiente día. Funciona, de verdad. Juan M. Maestre |