Cincuenta años son muchos, ¡Nada menos que medio siglo!
¡La de cosas que han ocurrido en tanto tiempo! Decidir qué
fue lo más importante en diez lustros, es una tarea ciertamente
difícil en la que, cualquier grupo de personas tardaría
mucho en alcanzar un acuerdo.
Comprimir la elección a una
imagen sin más explicaciones, generalmente complica el dilema.
La mente fotográfica suele devolvernos el recuerdo de tiempos
felices y grandiosos en la vida, momentos que por decisivos fueron importantes.
Situaciones extraordinarias, de esas que rara vez podemos ver repetidas
a lo largo de una generación. Acontecimientos casuales o premeditados
que marcan un antes y un después en el modelo de sociedad que
conocemos, en sus usos y en sus costumbres. Pero ocurre que cada uno
tiene archivada las suyas y no necesariamente habrán de ser coincidentes.
Si la imagen es la de un ser humano, aquí entramos ya en un terreno
espinoso de odiosas comparaciones, de postulados a favor y en contra,
pues todos tenemos nuestras preferencias. Cada cual tiene formada una
idea sobre sus contemporáneos y en mayor o menor medida ha colocado
a cada cual su cartel: un tío majo, un buen hombre, una inteligente
mujer, o un gilipollas de tomo y lomo. En general solemos tener nuestra
propia y personal opinión sobre los demás, sean coetáneos
o no, bastará cualquier tipo de vinculación: vecinos,
paisanos, amigos; e incluso ni eso, y como resultado cada cual y puestos
a elegir, elegirá el modelo de persona más acorde a lo
que se quiere finalmente representar.
Ocurre a veces que esta complicada disyuntiva no se da, que no hay debate
posible. Que la propuesta no admite discusión. Ocurre que la
imagen es tan rotunda que sin necesidad de palabras expresa con toda
fuerza la idea subyacente, incluso por encima del mensaje a publicitar
y se convierte en inequívoco acierto.
La imagen montañera de Daniel Estere Poveda, en los sobres de
Exfielda 2007 es un claro ejemplo. Es la imagen indiscutible para toda
una generación de eldenses, sobre todo vinculada a la montaña,
al montañismo y al Centro Excursionista Eldense y por ende al
deporte y la cultura en Elda.
Cierto es que ha habido otros presidentes en la entidad e incluso otras
personas que han desarrollado callada y meritoria labor en distintas
áreas deportivas, culturales y sociales, yo conozco algunas,
pero aquí no hay duda. Si hay alguien a quien siempre asociaremos
al Centro Excursionista Eldense, por encima de los demás, ese
alguien siempre será Daniel Esteve, nadie hasta hoy le ha hecho
sombra y difícil será repetir un personaje de tamaña
altura, tan sencillo y humano, revestido de ideales tan nobles y tan
colectivos, que costará llegar a repetirse su mismo horizonte
de miras y alcanzar sus altas cotas conseguidas.
Porque su herencia va más allá de unas instalaciones o
un Parque natural, que ya es para quitarse el sombrero. Nos dio mucho
más. Nos enriqueció como eldenses aportando un ejemplo
de voluntad, ilusión, esfuerzo y altruismo que asombró
a nuestros vecinos y colindantes y nos hizo sacar a pasear aquel eslogan
de “Elda, París y Londres”. No fue el único.
El otro, el trabajo y la industria del calzado, que tuvo su icono en
el torico de la F.I.C.I.A. y tal vez su hombre en Roque Calpena. Pero
en toda la segunda mitad del pasado siglo XX, del que yo puedo hablar,
y hasta hoy, pocos hombres representaron el hacer tanto con tan poco.
Así lo pienso y así lo expreso, de la misma manera que
ya adelanto que cuando algún día se haga un balance de
la historia filatélica en Elda, varios nombres saldrán
a la palestra y tampoco habrá debate cuando se hable del amigo
Sierras, a quien felicito y aplaudo doblemente; por el éxito
de Exfielda y por su reposada sabiduría en la elección
de la imagen del montañero, Daniel Estere Poveda.
Juan Manuel Maestre Carbonell